Mi ejército también ha sido derrocado, ahora estamos solos ella, la cazadora, y yo… Su ropa como siempre impoluta, dándome a entender que su poder aún me sobrepasa, entiendo que es ahora o nunca…
No me lo pienso más, sé que aún hay tiempo de huir, sé que puedo dar marcha atrás… pero de qué servirá… el tiempo se paraliza, en mis oídos el sonido de la guadaña, en mi nariz el olor a azufre, en mis ojos su garganta, en mi lengua el regusto amargo de mi sangre y en mi mente el recuerdo de la suya…
Sin más vacile me abalanzo hacia ella en dirección a su garganta, siento como mis colmillos se preparan para hacer la más dulce de las incisiones, siento como mi cuerpo se eriza al recordar su piel y justo entonces ella con un simple movimiento agarra mi cuello y me tumba en el suelo… Siento la dura piedra en mi espalda, pero eso no me preocupa, miro su cara y veo la amarga tristeza en sus ojos que es desplazada por la furia de un animal herido.
Ahora lo entiendo todo, todo tiene su tiempo y hay que esperar la oportunidad, sus dedos en mi garganta cada vez aprietan más y sólo me queda una salida… el descanso eterno…
No entiendo aún porque pero hoy era mi día de suerte, conmigo batallaba la piedad y ella fue precisamente la que actuó en ese momento, sus dedos soltaron mi cuello y entendí que tenía muy poco tiempo para escapar, el justo para besarla y jurar que volveré…
Ahora me fortalezco a base de sangre humana, son muchas las víctimas que han caído pero aún no estoy preparado, aún tengo que beber más…
Cada vez que cierro los ojos me traslado a su lado sabiendo en cada momento lo que hace y dónde está, esto me da cierta ventaja cuando quiera sorprenderla, pero sé que me siente, sé que sabe que estoy observándola, sabe que estoy ahí y por eso sonríe, lo que todavía no sabe es que a la vez que me recupero estoy preparando el arma más cruel que jamás haya visto, que jamás haya sentido, su propio reflejo…