Aún recuerdo los momentos en que debilitado cazaba animales, la emoción recorría mi cuerpo cuando acechaba un ciervo y mis ojos brillaban al hincarle el diente y ahora… ahora bebo sangre humana en copa de cristal cada vez que la sed rasga mi interior, procuro no abusar de ello, sé que no es tan bueno como parece, así que mejor no perder la cordura.
Incluso ahora tengo unos aposentos donde dormir, son cuatro paredes oscuras que sólo en raras ocasiones ven luz, es un lugar especial donde los más extraños ruidos rompen la monotonía de la noche o del día… cuatro paredes que observan en silencio cada uno de mis avances, cuatro paredes que saben de mis viajes, cuatro paredes que han escuchado una sola vez secretos que siempre negaré, cuatro paredes que vieron en cuestión de segundos lágrimas marcadas por silencios, risas tocadas por bofetones, cuatro paredes que vieron miradas que no podían guardar silencio y que sin embargo lo hacían, miradas que pedían a gritos que mordieran mi cuello y bebieran mi sangre…