Sus caminos son inescrutables, y los recorro un poco más delgado que hace unos cientos de años, los recorro exactamente con 21 gramos menos.
Orgulloso de mi situación actual, con el peso de mil batallas en mis espaldas visito de nuevo al Maestro, él también orgulloso, pero con sigilo, sacando su bola de cristal hace un escrutinio de mi futuro inmediato, el peso de su puño revienta en mi cara diciéndome que no he aprendido nada, me consuela verle con media sonrisa, no será tan malo, pienso yo. Torpe mas que torpe, me grita una y otra vez… yo sonrío… sé que no hay peligro, que actualmente el que forja mi futuro soy yo.
Equivocado estás si piensas así discípulo, te crees Maestro de muchos pero aún tienes que aprender, hoy te mostraré las artes adivinatorias, la bola empezó a brillar mostrándome cada uno de los pasos que seguiré en mi futuro más inmediato, acontecimientos que ocurrirán y que yo encantado disfrutaré, con la esperanza de cambiar el final…
Así pues, contento de volver a verle y sabiendo que el de la guadaña roza a los nuestros vuelvo a mi guarida, alerta, esperando que ocurra lo que tiene que ocurrir…
Alea Jacta Est
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