miércoles, 30 de mayo de 2012

5 minutos


Me encuentro inmerso en este mar de sangre, en el que cada vez que alzo la vista veo más lejos el horizonte,  hoy me pregunto por qué tome esa decisión en cinco minutos. La eternidad, evidentemente, no dura cinco minutos, pero una decisión tomada en cinco minutos puede durar toda una eternidad… seré consecuente y asumiré lo que con ello acepté.
¿Soy un bueno o un malo? ¿A qué lado pertenezco? Uno no es tan malo cuando explica su necesidad de supervivencia, es lícito pensar que hago el bien cuando desgarro la garganta de mi victima sólo por la necesidad de alimentarme, pero también siento placer al saciar mi sed, no puedo dejar de beber hasta que en ella no queda gota alguna de vida. Si pudiera le preguntaría y, claro está, para ella soy el peor monstruo que jamás existió, ignorante…
Siempre me he considerado del lado oscuro, pero de los buenos, de los que solucionan las cosas o luchan por lo que creen… aunque mis creencias no siempre van ligadas a las creencias de los demás…
Entre este humo fantasmagórico que seguro sale del interior de algún ser llamado destino no puedo parar de pensar y de cuestionarme hasta mi propia existencia. Mil batallas combatidas, alguna de ellas perdidas y un gran número de ellas vencidas, millones de ojos desolados en mi retina, gargantas desgarradas, miembros mutilados, corazones destruidos, todo viene a mí en un solo segundo de este tiempo efímero por culpa de una decisión de cinco minutos.
Orgulloso de ser lo que soy hoy me viene a la mente Francia y un hombre llamado Edmund que viendo lo que se avecinaba recito estas palabras: “La única forma de que el mal triunfe es que los hombres buenos no hagan nada”. Hoy robándole su frase podría decir que la única forma de que triunfen los mensajeros del mal es que aquellos que forman parte del bien no hagan nada. Quizás no forme parte de ninguno de los dos seres, o quizás esté en los dos bandos, lo que sí es seguro es que yo sí participo, no me quedaré quieto viendo como reciben poder aquellos que son ignorantes y cómo nos hacen olvidar una historia con la intención de que se vuelva a repetir.
Vampiro loco, imprevisible, irracional, incrédulo y violento así se refería a mí una de mis últimas víctimas, no olvides decirme encantador, le dije yo mientras su mano dejaba de empujar mi cuerpo, recuerdo cómo se quedaba sin fuerzas, como dejaba de hacer esa presión innecesaria agarrándose a una chispa de esperanza y pretendiendo que tenga piedad cuando ya no hay vuelta atrás.