Me encuentro inmerso en
este mar de sangre, en el que cada vez que alzo la vista veo más lejos el
horizonte, hoy me pregunto por qué tome
esa decisión en cinco minutos. La eternidad, evidentemente, no dura cinco minutos,
pero una decisión tomada en cinco minutos puede durar toda una eternidad… seré
consecuente y asumiré lo que con ello acepté.
¿Soy un bueno o un
malo? ¿A qué lado pertenezco? Uno no es tan malo cuando explica su necesidad de
supervivencia, es lícito pensar que hago el bien cuando desgarro la garganta de
mi victima sólo por la necesidad de alimentarme, pero también siento placer al
saciar mi sed, no puedo dejar de beber hasta que en ella no queda gota alguna
de vida. Si pudiera le preguntaría y, claro está, para ella soy el peor
monstruo que jamás existió, ignorante…
Siempre me he
considerado del lado oscuro, pero de los buenos, de los que solucionan las
cosas o luchan por lo que creen… aunque mis creencias no siempre van ligadas a
las creencias de los demás…
Entre este humo
fantasmagórico que seguro sale del interior de algún ser llamado destino no
puedo parar de pensar y de cuestionarme hasta mi propia existencia. Mil
batallas combatidas, alguna de ellas perdidas y un gran número de ellas
vencidas, millones de ojos desolados en mi retina, gargantas desgarradas,
miembros mutilados, corazones destruidos, todo viene a mí en un solo segundo de
este tiempo efímero por culpa de una decisión de cinco minutos.
Orgulloso de ser lo que
soy hoy me viene a la mente Francia y un hombre llamado Edmund que viendo lo
que se avecinaba recito estas palabras: “La única forma de que el mal triunfe
es que los hombres buenos no hagan nada”. Hoy robándole su frase podría decir
que la única forma de que triunfen los mensajeros del mal es que aquellos que
forman parte del bien no hagan nada. Quizás no forme parte de ninguno de los
dos seres, o quizás esté en los dos bandos, lo que sí es seguro es que yo sí
participo, no me quedaré quieto viendo como reciben poder aquellos que son
ignorantes y cómo nos hacen olvidar una historia con la intención de que se
vuelva a repetir.
Vampiro loco,
imprevisible, irracional, incrédulo y violento así se refería a mí una de mis
últimas víctimas, no olvides decirme encantador, le dije yo mientras su mano
dejaba de empujar mi cuerpo, recuerdo cómo se quedaba sin fuerzas, como dejaba
de hacer esa presión innecesaria agarrándose a una chispa de esperanza y
pretendiendo que tenga piedad cuando ya no hay vuelta atrás.

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