Aún empapado por la lluvia, bajo el brazo protector de mi Maestro, aún herido por la batalla, casi sin aliento…
Ya queda poco camino Maestro, puedo otear mi guarida al final del sendero, casi estoy recuperado pero aún queda lo peor, volver a mi guarida no es sinónimo de protección, ahora queda dejar de huir y enfrentarse a todo lo que temes, a escuchar el sonido del bofetón que me desvela cada noche con ansias de sangre.
Nos paramos en la puerta, me miras y me indicas que pase, yo lo hago aún sabiendo que tú no lo harás, que me esperaras fuera abasteciéndome de sangre hasta que yo pueda hacerlo sólo. Me avisaste de la cazadora, de lo duro que podía ser enfrentarme a ella, pero no me avisaste de sus ojos, de su olor y de sus labios, ahora me enfrento a estas cuatro paredes pintadas de tristeza, en la esquina derecha veo la jaula donde yace una pequeña elfa, se me olvidó dejarle alimento…
Maestro cada vez falta menos, sigo escuchando los débiles latidos de mi corazón enjaulado entre huesos, quizás a cientos de quilómetros de aquí y que te doy mi palabra que recuperaré…
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