Lo sabía, sabía que
eras tú…tu rostro me era familiar pero no sabía de qué… y hoy descubriendo tu
cuerpo he visto ese lunar… ese lunar que no podía tocar, ese lunar que
inmediatamente me ha hecho saber quién eres… y ahora ¿te convierto, te doy mi
sangre o te entrego el mensaje…?
Todo un día esquivando
la luz solar, viéndote bajo las sombras o desde una esquina alejada, protegiéndote
-tranquila pequeña que estoy aquí-, te mando con mi mente, -a tu lado-.
Y por fin podemos estar
juntos, temblando, con el corazón acelerado, con tu cuello en mis manos, te
cuento mis secretos, ya ha merecido la pena morir, al acariciarnos existe esa
complicidad que sólo marcan los años, ya te has olvidado de mi pero en esa mente
humana sigo existiendo y otra vez ese maldito tic-tac que te hace marcharte…
Tu día 24 horas, 1440
minutos o mejor dicho 86400 segundos, porque si es cierto que cada segundo vale…
el mío, cero horas, cero minutos o mejor dicho cero segundos porque en esta
eternidad mi tiempo ya no tiene sentido.


No hay comentarios:
Publicar un comentario