Desempolvando un regalo
que me hizo un hechicero me di cuenta que todavía funcionaba, era un artilugio,
como un espejo, en el que podía ver el lugar, el tiempo o la persona que
desease.
Pensé en ella y ahí estaba, una sensación
extraña envolvió mi interior, quise apartar la vista y no podía, no era una
imagen clara, desapareció enseguida, quise verla otra vez y sucedió…
Un minuto le supliqué,
cerré los ojos y sentí como se acercaba a mí, por detrás, y escuché sus
palabras… “No te asustes, sólo voy a acariciarte, ¿lo sientes?” Pasó sus dedos
por mi cuello exactamente donde me iba a besar y sentí como se le aceleraba el
pulso, ahora acariciaba mis labios, me dió un suave mordisco y el más dulce de
los besos en la comisura de mis labios.
Ya había pasado un
minuto y mirando hacia atrás no había nada, pero esa sensación, esa sensación
no se había ido, seguía existiendo dentro de mí.
Ten cuidado, pensé, la
próxima vez el que bese seré yo, el que muerda seré yo y no tendré piedad sólo
tendré el suficiente control para dejarte la suficiente sangre para un día más.

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