lunes, 23 de julio de 2012

Reencuentro


       Ya es la hora… la puerta de mi guarida está entornada, dudo mucho que alguien que no sea bienvenido se atreva a entrar aquí, escucho el chirriar de las bisagras viejas y oxidadas avisándome de que alguien entra.
         Su olor recorre mis fosas nasales hasta el interior de mis pulmones, no tengo ninguna duda, es ella, mi protegida, en cuestión de milésimas de segundo bajo un piso y me sitúo frente a ella mirándola de arriba abajo.
         -¿Qué te ha pasado, pequeña?- Su amoratada cara lucía una leve sonrisa, un brecha en su frente hizo resurgir mi preocupación, de un golpe le arranque la ropa y vi cómo su cuerpo, su precioso cuerpo había sido dañado, eran heridas profundas, algunas de ellas aún estaban infectadas. Arañazos por todo su cuerpo denotaba que no había sido una pelea de barrio, había sido un animal, arrimé mi cara a su barriga, a una de las heridas y efectivamente era repugnante, cómo tan bella dama podía tener una herida que oliera así, la respuesta era sencilla, eran heridas hechas por un licántropo.
-Fuiste tú, ¿verdad? Tú me salvaste del lobo contra el que no quise luchar.- La zarandee con fuerzas hasta que caímos arrodillados en el suelo, la culpa que vive en mi interior no paraba de alimentarse de esta situación… hasta que ella mientras me abrazaba dijo algo que no podré olvidar jamás: -somos el equipo mi amor, me tocaba protegerte.-
-Déjame que te cure- clavé los colmillos en mi muñeca y sentí como mi sangre fluía rápidamente, se la ofrecí… -Bebe con cuidado pequeña y deja que mi ser cure todas tus heridas-.
         Abrazados caímos al suelo, mientras sus heridas sanaban, yo la acariciaba protegiéndola de todo mal. Olvidándoseme que dentro de tres noches tengo una reunión muy importante.

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