Por primera vez nos despertamos juntos, su cuerpo ya está recuperado, tan
hermoso y delicioso, queriendo alargar el momento me doy cuenta de que ahora me
toca descansar a mí. –Vuelve a casa pequeña, está a punto de amanecer.-
Durante tres noches nos estuvimos viendo, pero la despedida de hoy no era
como la de días anteriores, en su mirada veo el deseo de quedarse pero no dice
nada… Tan sólo me pregunta que cuándo nos volveremos a ver, yo con cara
afligida le explico que esta noche no, que esta noche tengo visita pero que no
tema, que descanse tranquila porque al beber mi sangre se ha creado un vínculo
muy especial entre nosotros, que sólo puede desaparecer si los dos lo deseamos.
–Te prometo que cada noche cuando duermas iré a verte-.
Mientras camino a mi escondite pienso en lo difícil que es esto, pienso
que tengo ansia por transformarla, pero el camino es lento, he de entenderlo,
no es que me falte tiempo, lo que me falta es vida, es poder salir al sol y
demostrar hasta dónde podemos llegar juntos, es que mi no-vida se funda con su
vida para transformar este mundo en el nuestro, para poder volar delante del
sol en un amanecer, para que la oscuridad sea luz y vuelva a ser oscuridad
siempre que lo deseemos sin tener miedo.
Abro mi ataúd y cierro los ojos, en mi mente, la voz de mi
Maestro que me llama, pide audiencia para dentro de poco más de un mes, debo
prepararme, es muy poderoso, sólo con su mirada es capaz de entrar en mi mente
como yo lo hago con los humanos, sé que no aprobará muchas de las decisiones tomadas
desde la última vez, pero acepto, no puedo alargarlo más, en mi mente deja
grabada la fecha y hora de nuestra reunión.










